Este eje pone el foco en que los/as jóvenes, son sujetos de derecho con plena capacidad para participar, ser escuchados/as y no discriminados/as por ningún motivo, y define a los/as adultos/as y al Estado como garantes de esos derechos.

Durante mucho tiempo, los niños, niñas y jóvenes fueron pensados y tratados desde una mirada tutelar, es decir, como personas que aún no habían completado el desarrollo de las capacidades intelectuales y emocionales necesarias para discernir correctamente y que, por lo tanto, requerían de la presencia tutelar de un adulto/a para que los/as guiara, los/as protegiera del entorno e incluso de sí mismos. Así, eran concebidos/as como objetos de protección. La familia, en primera instancia, y luego el Estado, eran los encargados de cumplir ese rol. En el último cuarto del siglo XX, esta concepción de la niñez y adolescencia recibió críticas y fue repensada. Fruto de luchas y transformaciones sociales, se llevó a cabo un cambio de paradigma, el cual dio lugar y permitió desarrollar el enfoque actual basado en la protección integral de derechos.

Desde esta perspectiva, los niños, niñas y adolescentes, tienen derechos particulares por su condición de seres en formación. Esto significa que el Estado, en todas las acciones y decisiones que los/as competan, debe garantizar que se preserve y promueva su desarrollo de una manera integral y respetar su condición de sujetos de derechos.
Desde este enfoque, como adolescentes, tienen derecho, entre otras cosas, a la vida, a la salud, a la educación, al acceso a la información, a la participación y a desempeñar un papel socialmente activo. Se establece, además, que deben ser protegidos/as, acompañados/as, escuchados/as y, sobre todo, que sus opiniones deben ser tenidas en cuenta. Esta forma de entenderlos/as como ciudadanos/as plenos/as desafía los modos de hacer la escuela, y el sistema educativo.

Es la puerta de entrada para que las prácticas escolares puedan repensarse desde este nuevo paradigma. Se expresa en nuevas formas de habitar el aula, en el impulso de nuevos modos de aprendizaje y enseñanza, y en la búsqueda de transformaciones institucionales que acompañen esta nueva perspectiva.

En este marco, la participación estudiantil en la vida escolar se vuelve un aspecto central, ya que esta concepción implica reconocerlos/as como personas activas en el ejercicio de aquellos derechos que les corresponden y hace hincapié en su cuidado y acompañamiento. Además, los/as impulsa a tomar decisiones con autonomía para que puedan asumir gradualmente responsabilidades y producir transformaciones institucionales que democraticen la escuela e incidan en la forma en que se toman las decisiones que atañen a todos/as.

El Derecho a la Educación Sexual Integral En el año 2006, se dicta la Ley Nacional de Educación Sexual Integral N° 26.150 que sostiene que los/as estudiantes tienen derecho a recibir ESI en todos los establecimientos educativos públicos, tanto de gestión estatal como privada. Así, se los/as considera como sujetos de derecho de la ESI, en consonancia con la perspectiva de la que veníamos hablando, y compromete a la escuela a abordarla en su complejidad, es decir, contemplando todos sus aspectos: biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos.

Este derecho, además, se asocia al reconocimiento de otros derechos que tienen como adolescentes:
• Recibir conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados para poder cuidar su propio cuerpo y asumir conductas responsables y solidarias en relación a los otros/as.
• Habitar instituciones educativas en los que se respeten por igual los derechos de varones y mujeres, sin estereotipos de género que cimienten desigualdades.
• Vivir sin violencia.
• Vivir libremente su sexualidad, sin discriminación de género y/o por orientación sexual.
• Expresar sus emociones, sentimientos, pensamientos e ideas.
• Decir “no” frente a situaciones de presión de pares o de personas adultas.
• Contar con personas adultas responsables que puedan acompañarlos/as y orientarlos/as en situaciones de maltrato o abuso.

A su vez, implica habilitar en la escuela espacios participativos y respetuosos de la integridad de cada uno/a y de la diversidad de creencias y situaciones, promoviendo distintas formas de participación

Fecha: 1/9/2021 | Creado por: Nicole
Categoria: ESI - Derechos