Viajar en tren hacia las montañas había sido la mejor decisión que el detective Guzmán había tomado en los últimos meses (...)

Los recientes casos que había tenido que resolver terminaron de quebrarle los nervios, y sentía que su pasión por resolver enigmas se estaba desvaneciendo a causa de la corrupción que cada vez crecía más en el departamento de policía. Su capacidad deductiva, sus conocimientos sobre criminalística, sus momentos de reflexión habían sido entorpecidos por esa falsa eficiencia y rapidez en titular y dar respuestas a un caso en vez de bucear por la verdad de los hechos. Por eso, desde el momento en que entró en el camarote del tren y sacó sus libros para acomodarlos, una sensación de alivio, como si todo hubiera vuelto a la normalidad, lo invadió. Tenía pensado repasar sus textos acerca de crímenes pasionales, además de releer lo tratados de balística y forenses, sin dejar por eso tiempo para la entretenida lectura de “Las aventuras del Padre Brown”, de Chesterton, su libro de detective de ficción preferido. Todo esto pasaba por su mente, acompañado por un cálido sol que entraba por la ventana del camarote y que le iluminaba la frente, cuando escuchó un estruendo que, sin dudas, era de una magnum 32. Salió de su ensueño y se paró repentinamente, mientras miraba el picaporte de la puerta y pensaba qué debía hacer.

A- Guzmán decidió salir del camarote y caminar disimuladamente hacia donde él ya había detectado que se había producido el disparo.

 
 
 
Fecha: 29/8/2013 | Creado por: Maria Cecilia
Categoria: Policial
Etiquetas: cuento, realista, policial, ficción, comunidad, literatura, ort
Comentarios