La tarde era lluviosa, y mientras Micaela miraba por la ventana pensaba en ese hermoso encuentro con Gastón del viernes pasado (...)

Trataba de recordar los detalles de su cara, esa sonrisa amable, las pecas que tenía en la nariz y ese mechón de pelo rubio que caía sobre su frente. Siempre había creído que a él no le interesaba, porque nunca la miraba ni la saludaba, sin embargo, ese día supo que hacía más de un año que la buscaba. Sus dos hermanos más chicos dormían, y ella seguía pensando en Gastón, mientras miraba la lluvia caer, cuando le llegó un mensaje al celular. Era Juan José, su amigo de toda la primaria, con quien compartía el placer de ver películas de terror, además de comer chocolates y reírse hasta que le doliera la panza. Ya estaban en cuarto año, y se veían cada vez menos. Y más ahora que Juan se había mudado a la zona de Belgrano. “Mica, estoy en la esquina. Llevo pelis y chocolates. Bs”. Mica se levantó y trató de volver a la realidad, mientras le abría la puerta a Juan. Ese día estaba raro, tenía una camisa que nunca le había visto y unas zapatillas como las que a ella le gustaban. Su sonrisa también era especial. Sintió que se ponía colorada, algo le pasó, un escalofrío corrió por su espalda. También se acordó de que lo mismo sintió cuando Gastón la invitó a tomar algo la noche del sábado, ese mismo día. Juan la miró a los ojos y le dijo: “Mica, necesito hablar con vos. ¿Vamos a tomar algo hoy a Palermo?”

A- Micaela no podía sacar de su cabeza la mirada profunda de Gastón, y supo que esa noche tenía que ir a verlo.

B- Micaela miró a Juan y sintió algo inexplicable. Lo mejor sería ir a tomar algo con él y escuchar lo que tuviera que contarle. Versión 1  Versión 2
 

Fecha: 29/8/2013 | Creado por: Maria Cecilia
Categoria: Amor
Etiquetas: ort, literatura, comunidad, ficción, policial, realista, cuento
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