Enseñame algo que no pueda encontrar en Internet 

Aprender y enseñar en el 2021: Un panorama complejo que pone patas para arriba el sistema  educativo.  

Hace casi tres meses, millones de chicos y chicas de todo el país armaron sus mochilas para  volver a la escuela. Guardaron sus útiles, cuadernos, alcohol en gel, algún barbijo de repuesto  y las expectativas puestas en un regreso a clases que se hizo desear después de un año  entero de cuarentena. Metieron también en un bolsillo las ganas de reencontrarse con sus  compañeros/as, de jugar y de sentirse libres. 

Sin embargo, la vuelta a las aulas con el cumplimiento de los protocolos vigentes se encuentra  atravesada por una serie de interrogantes sobre los cuales vale la pena reflexionar: Familias preocupadas por la continuidad pedagógica, docentes frustrados porque no logran adaptarse a  las nuevas prácticas, directivos con dudas sobre la incorporación de tecnologías, casas con  falta de conectividad, escuelas sin recursos y debates políticos componen el escenario de la  educación en estos días. Asimismo, hay una cuestión mucho más profunda que muy pocos se  preguntan: ¿Qué está pasando dentro de las aulas? ¿Cuál es el objetivo actual de la escuela? 

Históricamente, la misión de la escuela se encuentra asociada a la idea de “preparar para la  vida”. En otras palabras, la trayectoria educativa permitirá a los/as estudiantes desarrollar conocimientos que los/as habiliten a resolver problemas cotidianos, alcanzar metas, formular  sus propias opiniones alineadas a sus valores, debatir, argumentar e indagar, para de esta  forma realizar una contribución significativa a la sociedad que maximice el bienestar individual y  colectivo. 

Esta definición nos plantea el enorme desafío de responder a un propósito general y establecer  una fórmula común para educar a una comunidad heterogénea. Además, nos redobla la  apuesta situándonos en un contexto sumamente dinámico y proyectando un futuro repleto de  incertidumbre. 

Desde este punto de partida, destacamos tres dimensiones a tener en cuenta para delinear los  fines de la escuela: la utilidad de los aprendizajes, la relevancia histórica de los contenidos y los  intereses y deseos de los y las estudiantes. 

Basta con decir que estos tres ejes se encuentran en pleno movimiento para comprender la  magnitud de la problemática que nos interpela. 

En cuanto a la funcionalidad de los aprendizajes, tenemos que saber que los trayectos  profesionales se están modificando en casi todas sus aristas: las modalidades, su organización  y por sobre todo las habilidades y aptitudes requeridas se están transformando a nivel técnico y  cultural. Estas novedades nos invitan a recalcular sobre cómo abordar estas competencias de  manera temprana. 

Asimismo, las innovaciones tecnológicas y el crecimiento exponencial de los medios de acceso  a la información ponen en jaque el rol del docente y del aula en la tarea de enseñar. Hace algunas semanas un estudiante de 3er año planteó: “Enseñame algo que no pueda encontrar  en Internet”, y no pudo haberlo definido mejor. Es nuestra tarea priorizar qué conocimientos difundir y cómo hacerlo para que resulte un aporte superador a los datos disponibles en la red. 

Todos estos cambios inciden en los protagonistas de la escena: nuestros/as estudiantes. Sus  nuevas formas de vincularse, manifestarse y explorar sus intereses, nos convocan a repensar  las estrategias que utilizamos para acercarnos a ellos/as y conectarlos/as con el conocimiento  valioso.  

La pandemia producto del COVID-19 vino a profundizar una crisis ya existente y a acelerar una  transformación que le debemos al sistema educativo desde hace tiempo. Estamos ante un  cambio de paradigma y tenemos la gran oportunidad de rediseñar los programas para mejorar  la calidad de las propuestas y así preparar a nuestros/as estudiantes cada vez más, para la  vida. 

Este año los equipos docentes también tuvimos que rearmar nuestras mochilas. Muchas de las  cosas que traíamos encima ya no nos sirven y cargamos con otras que no conocíamos:  aprendizajes pendientes del ciclo anterior, contenidos básicos incompletos, nuevas  herramientas y recursos, las ganas de volver a encontrarnos y la exigencia de hacer de las  aulas un espacio significativo para aprender: que el encuentro presencial sea valioso. 

¿Qué significa que la escuela valga la pena? Nunca antes nos habíamos cuestionado esto.  Siempre tuvimos la certeza de que es el mejor lugar en el que un niño, niña o adolescente,  puede transitar su recorrido académico. Y lo seguimos sosteniendo.  

Poco a poco estamos aprendiendo a tejer nuevos puentes entre la información y el aprendizaje,  promoviendo así la construcción de significado e ideas propias. Asumimos con convicción este  compromiso, el de facilitar e impulsar el deseo por el saber y producir conocimiento en un  mundo hiperconectado donde prima la inmediatez y la sobreinformación.

Las escuelas están aprendiendo para seguir siendo el pilar formativo más sólido para los/as estudiantes y a su vez mantenerse como eje organizador de las familias y la sociedad. Esto implica modificaciones de índole estructural, cultural, de formación, de recursos y de planificación curricular, involucrando a todos los actores del sistema educativo.  

Surge la necesidad de deconstruir la lógica física del aula para que resulte coherente con las nuevas dinámicas implementadas. El trabajo grupal, los proyectos y el enfoque de aprendizaje autónomo orientado al pensamiento, requiere de nuevos formatos que acompañen este tipo de prácticas. La organización del tiempo y del espacio, programada  originalmente como un crono-sistema ordenador, ya no cumple esa función si no logramos  adaptarla al entorno para darle sentido a las jornadas presenciales en la escuela.  Es momento de confeccionar programas más integrales que contemplen todas las fuentes para  definir los objetivos educacionales y resulten coherentes en sus metodologías de evaluación y  experiencias de aprendizaje.  

Hay un primer paso imprescindible para que esta transformación sea posible y es trabajar en  forma colaborativa alzando la voz de quienes día a día habitan las aulas junto al alumnado. Los  y las docentes no solamente son y seguirán siendo la pieza fundamental para que el modelo  educativo funcione, sino que también son el motor del cambio para ponerlo en marcha. 

Hace tres meses todos/as armamos la mochila para volver a una escuela distinta, incómoda. La  armamos a las apuradas y quizás por eso no nos dimos cuenta que en el fondo de todo, la  misión se mantuvo intacta.  

La escuela es una invitación a conocer y apropiarse del mundo, es el proceso para encontrar el  camino propio, es enseñanza y aprendizaje.  

Enseñar proviene del Latín insignare: in (en) signare (señalar hacia) y esa es nuestra intención:  guiar, acompañar y contener con la mirada puesta en formar buenas personas. Los recorridos  van cambiando y las indicaciones se vuelven un poco confusas, pero seguimos persiguiendo  nuestro objetivo de cabecera porque confiamos en que vamos hacia el lugar correcto. Por eso estamos aprendiendo, para enseñar aquello que no se puede encontrar en Internet. 

Fecha: 12/7/2021 | Creado por: Micaela
Categoria: Ediciones