En esta propuesta, buscamos rescatar aquellos relatos literarios que han pasado de generación en generación, y que las familias de nuestra escuela quieren legar.

    

Todos tenemos un había una vez repiqueteando en nuestra memoria. Había una vez abre el mundo de la fantasía, de lo imaginable, de la posiblidad de vivir en  lugares y con personajes que no tienen asidero en nuetra realidad, pero que nos hacen soñar, nos trasnportan como las alfombras de Aladino, nos hechizan como una bruja malvada, nos despiertan con el beso de Blancanieves o nos sumergen en un mundo en donde los árboles hablan y un señor con una barba muy, muy larga, desgrana una historia fabulosa.

 Todos quisimos ser Simbad el marino o un pirata de ojo emparchado y garfio, enfrentando monstruos marítimos que nos sacaban la respiración antes del sueño.

             Crecimos escuchando historias. Esas historias nos fueron legadas, nos construyeron, nos convirtieron, un poco ( ¿sólo un poco? ) en los sujetos sociales que hoy somos. Porque en el fascinante arte de contar y legar historias, no está sólo el hecho de llamar al sueño, de estimular la imaginación, está la vida. Y la vida es un relato que se compone de miles de retazos y gran parte de esos retazos tienen que ver, ineludiblemente, con lo legado.

               La transimisión de un relato es una forma de regalo. Un regalo que perdura, inexplicablemente, en ese archivo nada silencioso que es la memoria. De una u otra manera esa historia legada de abuelos a padres y de padres a hijos, regresa –siempre regresa- con un sabor a nostalgia y a ensoñación.

                 Hay en el acto de contar una ofrenda, no sólo de la palabra, sino del encuentro, de ese íntimo encuentro en donde el relator y el escucha se dejan llevar por el mundo de la imaginación. Ese mundo posible nos atraviesa, nos modifica, nos conforma, nos lleva la mirada hacia otra parte. Es un viaje por lugares inciertos y extraños; maravillosos, llenos de fantasía.

                    La palabra nos convoca en el acto de contar, nos anida, nos da como cierta sensación de calma, nos arropa en la noche y nos hace soñar.

                     El legado del relato es una propuesta del Observatorio de Humanidades de las Escuelas Técnica Ort que se propone recuperar cierta forma de contar y de transmitir: los padres le legan, de manera oral, un relato a sus hijos. Una parte de ellos viene al trote desde el pasado para instalarse en este presente.

                      Estamos convencidos que el acto de contar y de legar una historia que ha sido transmitida oralmente a través de las generaciones, no es un acto perimido en el tiempo, sino una forma de reavivar el encuentro, de darle a la palabra el lugar que estimula la fantasía y la ensoñación.

                       Somos una institución con una fuertísima formación en la diversidad tecnológica, pero no por eso menos comprometidos con el arte en todas sus manifiestaciones. Y contar es un arte en donde la palabra hace piruetas, despliega un sin fin de colores, de texturas, de sensaciones. Las palabras no sólo comunican o nombran, sino que, además, evocan, invitan, generan imágenes, irradian nuevas formas de mirar.

                         Queremos/deseamos que compartan con nosotros la experiencia de legar relatos. Pequeñas historias –las buenas historias nunca son pequeñas- que sus hijos e hijas escucharán. Creemos que la narración es una de las formas más preciosas de aprender a saber quiénes somos.

                          Los relatos siempre nos proponen, sin proponérselo, quizá, pensarnos a nosotros mismos. Mirarnos en un espejo de palabras y personajes para saber quiénes somos, en qué lugar estamos, hacia dónde vamos.

                           El legado del relato propone, nos propone, la construcción de una parte de la herencia. Un pequeño texto literario que alguna vez mamá o papá contaron a sus hijos. Queremos capturar ese texto, queremos darle un lugar en la escuela, queremos escucharlo, compartirlo, vivenciarlo.

                            El legado del relato quiere recuperar ese había una vez, para que se transforme en muchos había una vez; para que en este tiempo sin tiempo la narración sea un lugar en donde detenerse y sentarse a descansar y soñar e imaginar y pensar que todo puede ser un poquito distinto si alguien me dice te voy a contar un cuento que empieza diciendo había una vez.

 

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Fecha: 9/10/2012 | Creado por: Juan Pablo
Etiquetas: CREA, Proyectos, Observatorio